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ALBISTEAK //

Vacaciones distintas


No sé quien dijo que, las vacaciones, son ese periodo durante el cual se les permite a los trabajadores darse cuenta de que las cosas pueden seguir adelante sin ellos. Estar de vacaciones no significa solo descansar, liberarse de obligaciones que nos acompañan todo el año. Debería suponer, sobre todo, recuperar un tiempo propio, un tiempo rescatado para uno mismo, al margen de jefes y oficinas, maquinas y horarios.

Cargar pilas, desconectar, salir de la rutina, son algunas de las fórmulas más usadas. Parece como si solo fueran lícitas las vacaciones que sirven para recuperar energías perdidas y para poder así invertirlas al regreso en un mayor rendimiento laboral. Y, sin embargo, programar las vacaciones se ha convertido en un rito social contrario a lo anteriormente dicho. Verán: en la mayoría de los casos las vacaciones  representan un eslabón más en la  cadena de consumo.

Cuando nos proporcionan diversión, lo hacen a costa de fatigarnos. Si buscamos en ello otros conocimientos, otros paisajes, otros países, acaban imponiéndose esfuerzos que nos impiden disfrutar libremente de cada instante. Y es que, lo principal de las vacaciones no es el cambio de actividad, sino el encuentro con valores distintos de los ordinarios. De poco sirve emprender un viaje si nuestro interés o necesidad no acompaña a nuestras maletas. Las generaciones más jóvenes han ido conquistando fechas para el ocio a lo largo de todo el año, desde los fines de semana hasta las celebraciones improvisadas. Aunque todos necesitamos las vacaciones, estas ya han perdido en parte su esquema habitual, entendiendo que, para muchos y por distintas circunstancias las vacaciones 'de siempre' siguen siendo el periodo más ansiado del año, la principal y tal vez única inversión en ocio y tiempo libre.

Y, por eso, las caravanas de automóviles con motivo de los primeros días de cada mes veraniego, volverán a atascar nuestras carreteras constituyendo la mejor representación visual del ocio desvirtuado. Frente al ideal de la libertad individual la suma a la muchedumbre. Frente al entretenimiento, la mortificación. Frente a la huida de lo habitual, el encuentro con el mismo atolladero de todos los días camino del trabajo, solo que esta vez multiplicado en horas y en kilómetros. Y, es que, a veces, nos dejamos llevar por una fuerza peor que las obligaciones: la de los hábitos colectivos que, tras la apariencia de emociones, entretenimientos, aventuras o lujos, esconden otras formas de imposición mas agobiante que el trabajo del que huimos.

De cualquier manera haced las maletas, iros de vacaciones, dejad a un lado la crisis, disfrutad y, cuando regreséis y pasemos lista, que no falte nadie.


Montxo Urraburu