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ALBISTEAK //

Usar y tirar


Las sociedades de todo el mundo se ven enfrentadas a un gran fantasma, no cruento como la guerra , pero no por eso menos voraz y peligroso: el consumo. Las necesidades del ser humano parecen no saciarse nunca y la industria lanza cada día al mercado un nuevo producto, haciéndonos creer que con su uso nuestra vida será más cómoda y placentera.

En el inicio de la era del consumo, por así llamarla, se daba importancia al acabado y posible duración del objeto adquirido, considerando que cuanto más larga era su posible vida útil más ventajosa resultaba su compra. Sin embargo, con el paso del tiempo este concepto, como muchos otros, sufrió una variación y aparecieron en el mercado productos y objetos de un solo uso, es decir, comprar, usar y tirar. Y, así, poco a poco, nos hemos visto rodeados de cientos de artículos de uso cotidiano, cuya vida útil es cada vez más corta.

Es indudable que estos artículos tienen mil ventajas, envases que no necesitan devolución, irrompibles, ligeros... El problema se plantea posteriormente, ¿cómo destruirlos una vez utilizados? Muchos de estos artículos están fabricados de material incombustible, lo que supone que su único método de destrucción seria su trituración, ocasionando partículas de polvo que desembocan en la atmósfera y producen la tan conocida contaminación atmosférica.


Por el contrario, otros se componen de materia inflamable, pero que al efectuarse su combustión, originan una serie de gases nocivos que van a parar a la atmósfera, produciéndose el mismo problema de contaminación. Las industrias deben tener en cuenta a la hora de la fabricación de un nuevo producto, no solo el beneficio económico que les va a proporcionar, sino también los problemas que ocasiona después. 

Creemos necesario antes de poner en circulación un nuevo producto se estudie su posible reconversión una vez utilizado, o su destrucción total e inofensiva. De otro modo seremos victimas de nuestro propio afán de consumo y pudiera ser, dentro de unos años, nos veamos invadidos por los desechos que nosotros mismos hemos originado. Supongo que también los que nos administran tendrán que decir algo para que no pensemos que, también, somos de usar y tirar.


Montxo Urraburu