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ALBISTEAK //

¡Agustín Martínez... tres veces Bueno!

En su Bilbao del trabajo, la madurez y el éxito, el pasado 2 de septiembre, a los 79 años, fallecía, tras una larga enfermedad, el empresario Agustín Martínez Bueno, el alma del Gran Hotel Ercilla de Bilbao y de otros de la cadena... Quinto de una familia labriega de seis hijos, Agustín veía la luz primera el 26 de mayo de 1941 en Tierra de Campos, concretamente en Villalba de la Lampreana, pequeño pueblo de la provincia de Zamora (con poco más de doscientos habitantes) que Agustín tuvo siempre en las entrañas. Tal y como se ha publicado, 'ese pueblo era la cuna de la que presumía orgulloso y que se emocionaba contemplando en la distancia, en la pantalla del móvil, cuando desde el terruño le enviaban su estampa perdida entre las suaves lomas del paisaje'.

 

Siempre echó un capote a todos los compañeros


'¡Tengo un problema profesional!' (...) '¡No te preocupes, vete al Hotel Ercilla, pregunta por su director general y propietario Agustín Martínez Bueno y él te echará un capote, te lo solucionará o te presentará a quien te lo pueda solucionar!' (...) 

Esa frase, durante muchos años, se repetía casi a diario porque Agustín era para la profesión periodística, como para todo el entramado empresarial, político, social, cultural y, desde luego, del espectáculo, sobre todo teatral y taurino, el encuentro y la residencia, incluso, en ocasiones, la solución. Siempre tenía alguna idea o camino adecuado para sacarte del atolladero. Eso, sin olvidar nunca al cliente del hotel, al que recibía y llamaba por su nombre, lo que hizo que más del 90% de los que ingresaban, repitieran. Por todo eso, Bilbao ha perdido un bilbaíno nacido en Tierra de Campos, al zamorano más universal probablemente de las últimas décadas.

A Bilbao, donde ya residía una hermana suya, arribó Agustín de chaval, con 15 años... Para sobrevivir, comenzó haciendo recados en el diario 'El Correo' y poco a poco, ya con estudios y trabajo, y pateando Bilbao en busca de información, supo hacerse un buen reportero enganchado diariamente a la noticia. Eso le permitió ascender a jefe de sección en su querido diario, donde dieciocho años después de su vinculación con el periódico, todo apuntaba a que dedicaría toda su vida profesional al periodismo. Pero el amor cambió sus planes y tras su matrimonio con Marian Anasagasti Guezuraga, matrimonio con tres hijos: Cayetana, Álvaro y David, y por imposición de su suegro, propietario del recién inaugurado Hotel Ercilla, comenzó a dirigirlo y demostró su valía como hombre de mundo y rastreador de la amistad. Fue aprendiendo los secretos de empresario y mejorando los valores sociales y éticos del dirigente de un buen grupo de trabajadores, por lo que tanto él como sus hoteles, el Ercilla y los que vinieron después, recibieron numerosos premios, entre ellos los del sector empresarial y turístico a cargo del Gobierno Vasco. Enseguida convirtió el hotel en el centro de actividad empresarial, periodística, cultural, social y política, hasta el punto de que todos los partidos políticos, fueran del signo que fueran, celebraban la mayoría de sus actos y ruedas de prensa en los salones del hotel. Y rara era la noche en la que no descansara en el mismo hotel algún famoso fuera del sector que fuera.

Desde sus inicios en la dirección del Ercilla, siempre apostó por ayudar al mundo del periodismo, de la empresa, de la cultura (sobre todo del teatro) y de la fiesta, incluida la tauromaquia. Eran unos tiempos difíciles en Bilbao, y Agustín, durante años y desde su mandato en el Hotel Ercilla, recibió a la mayoría de los visitantes de la villa y contribuyó a diario al conocimiento y dinamismo de la capital vizcaína. 

Hizo del Ercilla la casa de todos y pongo un ejemplo: en los encuentros taurinos unía tanto a toreros como subalternos en el mismo hotel, algo que no era habitual en aquellos tiempos, y a la vez unía también a todas las compañías de teatro, y a diario facilitaba el trabajo de periodistas con encuentros y entrevistas en sus salones. Todos juntos generaron un gran ambiente entre el público bilbaíno, acrecentado por los coloquios, conferencias e incluso fiestas organizadas por el hotel.


Director de hotel a cualquier hora y circunstancia


El hotel lo dirigía de forma presencial y directa a cualquier hora del día, siempre con la máxima atención a los clientes: 'lo que le encanta a la gente que reside en un hotel es la atención recibida y saber, incluso, cómo se llaman, y que sea el director el que lo sabe'. Demostró que su increíble capacidad de trabajo y su avispada cabeza eran capaces de lograr cuantas metas se propusiera en la vida, con disciplina y dedicación. Probablemente su más exigente juez fue siempre él mismo. Y así, esa gran casa de constante actividad dirigida por él que fue el Ercilla, se convirtió con los años en el epicentro de la vida social y cultural de Bilbao. Y para ello contribuyó también la excelencia del restaurante creado por el propio Agustín, el Bermeo, con los mejores cocineros, o las tertulias en el inaugurado con todo lujo de cinco estrellas, el Hotel López de Haro, ubicado en la antigua sede de 'Hierro', diario vespertino bilbaíno, consolidando así un grupo hostelero de referencia en toda España. El éxito de la marca Ercilla se expandió a otras provincias españolas. Y su último gran logro fue la asociación del negocio de sus hoteles con Marriott International, cadena de hoteles de lujo estadounidense con sede en Maryland, Estados Unidos, uno de los gigantes del sector. 

Volviendo al espíritu inquieto de Agustín y a su trato amable y cercano con todos, se consolidó el hotel Ercilla como un punto de encuentro de las grandes personalidades y de grandes amistades, por lo que se creó el Club de Amigos del Ercilla. Todos recordamos también que para quien visitaba Bilbao durante la Aste Nagusia, era obligado acudir a las puertas del Ercilla para ver salir a los toreros que iban a jugársela a la Plaza de Vistalegre como héroes de otro tiempo; o para conocer en persona a actores y actrices de teatro. Y surgieron así los prestigiosos Premios Ercilla de Tauromaquia y de Teatro, que cada año se otorgan a los más destacados profesionales de los ruedos y las artes escénicas.

Agustín hablaba siempre con pasión del mundo de la fiesta taurina: 'Disfruto todos los días que voy a los toros y por este motivo no soy de un torero en concreto, además, considero que todos los que se visten de luces tienen un mérito extraordinario (...) Del mundo taurino son innumerables los amigos que mantengo y sería enorme la lista de nombres y agradecimientos que podría citar, pero como muchos ya saben, puedo decir que El Niño de la Capea y toda su familia son como si fueran mi propia familia'. 

Agustín también vivió, tanto de periodista como máximo responsable de hotel, momentos tristes, muy tristes. Y destacaba -'todavía me estremezco'- el accidente aéreo del monte Oiz en 1985, en el que murieron 148 pasajeros. El hotel albergó a los familiares de las víctimas y fue observador mudo de muchas de sus lágrimas. Y en cuanto a los muchos personajes que conoció a su paso por los hoteles, siempre destacaba al cantante galés Tom Jones: 'No he visto una persona más educada en mi vida'.

Termino con esa citada frase educativa subrayando el hecho de que en los años de una carrera periodística de 50 años, muchos, muchos días, coincidimos con Agustín Martínez..., tres o más veces Bueno, reconociendo en él un doble valor de chaval castellano, de plena Tierra de la Castilla seca y dura, de joven periodista entregado a esta nuestra profesión difícil y apasionada, y hombre maduro, padre y empresario, de algo tan necesitado de entrega total como un hotel y, por tanto, madrugador y trasnochador a un tiempo, así como solicito e inteligente y de decisiones inmediatas...

Pero de Agustín quiero subrayar también el dinamismo de su personalidad, ese que aprendió en el periodismo y en el Bilbao siempre húmedo e industrial, aquel Bilbao post unamuniano en la cultura y pre avanzado en el arte, y en la permanente apuesta por el futuro. Agustín exhibió siempre su personalidad lograda a pulso, y lo hizo entregado a su trabajo, el que fuera, pero sobre todo a la gente, a la personalidad de sus clientes, convertidos en amigos o compañeros de la vida. Y, tras su muerte, nos queda subrayar la suerte que tienen ahora los del más allá: poder contar con la valía de este personaje, compañero tres, cuatro... y mil veces Bueno.


José Manuel Alonso