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ALBISTEAK //

Principios

A veces tenemos la impresión de que cuestiones fundamentales en nuestra convivencia diaria pierden de forma preocupante su esencia, aunque sigan existiendo palabras como paz, libertad, derechos, honradez, justicia, solidaridad y todos los que queramos añadir.

Como las palabras son gratis cuesta muy poco pronunciarlas. Lo que cuesta no es pronunciarlas, sino ponerlas en práctica, aplicarlas de forma efectiva a nuestro día a día, a la realidad de nuestras vidas. Por eso habrá que celebrar esos momentos en que se hacen realidad. Los valores solemnes no están hechos de retórica, sino de pequeños momentos que se convierten en reales cuando se aplican de verdad.

Ver a alguien que cede el paso a una persona de edad consiste en eso. El amor puede estar en una mano que agarra a otra para ayudarla a subir a un autobús. Son ejemplos a los que podemos añadir una larga lista de acciones que siempre recibirán  una palabra de agradecimiento o una mirada que no olvidaremos.

Es en la suma de estas pequeñas cosas donde reside el secreto de nuestros principios de nuestros valores y que se convierten en reales cuando los ponemos en práctica. Una sociedad está viva cuando todos sus miembros se conjuran para activar nuestra  solidaridad con los demás. Hay un momento del día en que la ciudad se pone en marcha. Por las aceras la gente camina decidida a su lugar de trabajo. Los comerciantes levantan las persianas de sus locales y el olor de los tubos de escape de los coches se hace notar. Todos y todas han tomado decisiones como la de madrugar, despegarse de las sabanas, asearse y poner en orden sus cosas antes de fichar en la entrada de su lugar de trabajo. Nadie les ha dado orden alguna, pero lo hacen.

Una ciudad, un pueblo, una sociedad están vivos cuando todos sus miembros se conjuran para obrar el milagro de poner en marcha  una maquinaria gigantesca y precisa, cuyas piezas más pequeñas echan a andar y se ponen en funcionamiento sin esperar a que venga alguien a dar la orden.

Las cosas más grandes se llevan a cabo gracias al concurso de otras a las que no prestamos ninguna atención, pequeñas causas que pasamos por alto y que al final forman parte de nuestro proyecto de vida. Pongámonos en marcha.


Montxo Urraburu