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ALBISTEAK //

El quinto jinete


Los cuatro jinetes del Apocalipsis nunca destacaron por su virtud. Promiscuos y fogosos, siempre fueron prolíficos en descendencia. Mucha más de la deseable, y de la soportable. A la grupa de negros caballos, cubiertas sus calaveras con grisáceos hábitos, galoparon levitando por encima de la faz de la tierra germinando con su fatídica semilla a todo pobre mortal que se les interpusiera a diestro y siniestro. Hoy, en los inicios de otro de los milenios en los que beben los símbolos, los cascos de los diabólicos corceles retumban con inusitada intensidad. Una nueva cabalgadura se les ha unido. Un quinto jinete se hace visible en el horizonte. El Hambre, La Peste, La Guerra y la Muerte tienen un nuevo compañero: El Desempleo.


El Hambre ha engendrado millones de hijos a lo largo y ancho de cualquiera de los periodos por los que ha atravesado la Humanidad. Aún hoy, ya convertido en abuelo venerable, sigue desarrollando una actividad gonadal que algunos jovencitos quisieran para sí. Con la indiferencia que proporciona la costumbre, asesta dentelladas a una prole entre la que predominan las pieles oscuras. Goza de una salud envidiable, y los expertos pronostican que acampará por estos lares aún durante mucho, mucho tiempo.


La Peste ha dejado vástagos por doquier. Racimos de seres amontonados en vertederos humanos. Ese demonio de rasgos pérfidos trajo tras de sí el fuego redentor y la marginación. El miedo al contagio, la fobia al contacto, la desconfianza y la insolidaridad caracterizaron a sus múltiples hijos. Ahora, después de un corto sueño, ha vuelto a despertar. Regresan las llamas inquisitoriales y el miedo, ese pavor que impregna las caras de los que la han visto de cerca. Pero tarde o temprano, al igual que les ocurrió a nuestros antecesores, nos acostumbraremos a convivir con ella.


La Guerra nunca nos dejó. Siempre ha sido nuestra compañera. Después de las últimas y grandes demostraciones de su enorme poder, como resultado de las cuales perecieron millones y millones de seres, se ha hecho más discreta, se ha desprendido de los grandes fastos de los que solía rodearse. Sin embargo, es tan contundente como en sus mejores épocas. Prolifera por doquier. Siguen contándose por millones los hijos de La Guerra, y también por millones los huérfanos que éstos dejan.


La Muerte, la 'Dama Negra', continúa siendo la reina, la abanderada de los jinetes. Implacable, constante en su laborar, no ha descansado un segundo desde que se instalara entre sus súbditos. A diferencia de sus compañeros, la señora es estéril. En su vetusto vientre no germina ni la desgracia, ni la desesperación, ni el sufrimiento. Acaba con todo. A pesar del temor que inspira, es el más noble de los jinetes. Mira de frente y no rehúye nuestra mirada. Sabe que en su manto el mortal encuentra la liberación.


El Desempleo es el nombre que recibe el quinto jinete. Apenas un jovenzuelo, ya sabe manejar la guadaña con soltura. Inquieto, de sangre hirviente y entrepierna caliente, busca cualquier excusa para el apareamiento. Amenaza con forjar una estirpe más que extensa. Gusta de cuidar a los más jóvenes de su prole. Son su alimento predilecto. Más sutil que el resto del quinteto, rehúye provocar terror y se ha convertido en un experto en suscitar angustia. Cabalga con trote monótono pero constante. Los que le conocen dicen que es tremendamente ambicioso y que, si no se pone remedio, se hará un jinete robusto, tanto como sus compañeros.




Mikel Pulgarín, Periodista y consultor de comunicación