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ALBISTEAK //

Recuperando la figura de San Ignacio de Loyola y lo que hoy significa (1)


Hace poco más de un mes, el 21 de mayo, se cumplieron los quinientos años de que Ignacio (Iñigo) de Loyola (Azpeitia 23-X-1491 - Roma, 31-VII-1556) fuera herido en ambas piernas defendiendo la Plaza de Pamplona de las tropas francesas y de la Baja Navarra. Como se nos ha explicado, una bomba le acertó y traspasó una pierna alcanzando la otra... Y esa conmemoración del quinto centenario de la conversión de Ignacio de Loyola la anunció hace unos días la Compañía de Jesús bajo el lema 'Ignatius 500', recordando (hasta el 31 de julio de 2022) la histórica conversión del santo vasco, con este lema: 'Un hombre que, aún herido, sintió que no estaba abandonado'. Hoy en día, según el jesuita e historiador Alfredo Verdoy 'la figura de San Ignacio es polémica y controvertida por el tiempo y las circunstancias que le tocaron vivir' (En la imagen, vidriera conmemorativa en la Casa Torre de Loyola).


'Ignacio de Loyola era flexible, inteligente, creativo, con sentido del humor, comunicador y transmisor de serenidad' (Enrique García Hernán, biografía de Ignacio de Loyola) // 'Ignacio de Loyola representa al vasco tenaz, impulsor, de visiones realistas, asceta, pegado a la tierra, universal sin renunciar a ser vasco, vasco abierto al mundo, vasco en compañía' (Joseba Arregi, palabras en el V Centenario del nacimiento de Ignacio de Loyola) // 'Ignacio sentía de manera especial la presencia de Dios. Una presencia lograda no a fuerza de normas exteriores sino fruto de la devoción' (Padre Jerónimo Nadal (1507-1580) // 'Mi presencia en Loyola es una manera de rendir homenaje a un gran hijo de esta tierra, de proyección universal por sus anhelos y realizaciones: San Ignacio de Loyola. Un hijo de la Iglesia que bien puede ser mirado con gozo y legítimo orgullo' (Juan Pablo II, Loyola, 6 de noviembre de 1982, con la presencia de doscientos mil personas).

Ignacio, de soldado convaleciente, a religioso universal

Como antiguo alumno de Colegio de Jesuitas, con profesores a los que les debo mucho, este periodista está recibiendo, en estos días, varios escritos relacionados con aquel hecho que transformó la vida de Iñigo de Loyola, del que se dice que 'hasta los 26 años fue hombre dado a las vanidades del mundo y que principalmente se deleitaba en ejercicio de armas con un grande y vano deseo de ganar honra'... Una vez herido ?se dice en los textos que me han enviado? la víspera de San Pedro y San Pablo, 28 de julio de hace quinientos años, recibió los santos sacramentos, y dijeron los médicos que si a media noche no sentía mejoría se podía dar por muerto. Pero, la devoción que tenía hacia San Pedro, hizo que se sintiera mucho mejor aquella misma noche, y en unos días se juzgó que estaba fuera de peligro'.

Se recuerda también que, en el tiempo de convalecencia, Ignacio leyó dos libros que hicieron mella en él: La vida de Cristo, del cartujo Ludolfo de Sajonia, y Flos Sanctorum o 'Leyenda de los Santos'. Y con la influencia de estos libros, se replanteó su vida e hizo autocrítica de los años de soldado, tal y como dice su autobiografía, en la que señala un camino nuevo, 'con un ánimo generoso, encendido de Dios' (...) Y ese deseo se vio acrecentado por una visión de la Virgen con el Niño Jesús, que provocó la definitiva conversión del soldado en religioso, y de allí salió con el firme deseo de viajar a Jerusalén y vivir un tiempo en Tierra Santa. En suma, a lo largo de su convalecencia inició su vida de santo fundador. Y, como se ha escrito, 'su capacidad para conjugar una rica espiritualidad con una postura profundamente activista fue una de sus mejores aportaciones a la Iglesia católica y a la sociedad de su tiempo' (...)

 

Monumento a San Ignacio, en Pamplona.


Nadie duda de que San Ignacio es una figura trascendental y fascinante de nuestra historia religiosa y de que la Compañía de Jesús, por el fundada, ha tenido una influencia indiscutible en la acción evangelizadora de la Iglesia en medio mundo, y más de una vez he recordado a compañeros del Bachillerato que fueron religiosos jesuitas, asesinados por militares salvadoreños el 16-XI-1989 en El Salvador, entre los que estaba también el portugalujo Ignacio Ellacuría, del que conservo alguna entrevista. Y es que los jesuitas, eso sí, han pasado por muchas contrariedades y persecuciones, y han seguido caminos a veces difíciles de comprender por la propia Iglesia. Incluso, como escribía Narcíso Jubany (1913-1996), cardenal y arzobispo emérito de Barcelona, 'no ha faltado el hecho de que en distintos tiempos se haya acusado a los jesuitas de adoptar una actitud autodestructora, pero lo cierto es que, según el santo fundador, los miembros de la Compañía deben servir al Señor y a la Iglesia, y el fin de su vida ha de ser la defensa y promoción de la fe y el ejercicio de aquellas obras caritativas que sean para la gloria de Dios y el bien común'. Y, con ello, 'los jesuitas anuncian a Jesucristo y trabajan afanosamente por la liberación plena e integral del hombre; camino este que conduce a una participación en la visa misma de Dios'.

Borja Vivanco Díaz, doctor por la Universidades de Deusto y del País Vasco, publicaba en julio de 2003 un artículo muy documentado en 'El Correo' sobre San Ignacio: 'Vasco y universal', señalando que los guipuzcoanos proclamaron patrón del territorio a Ignacio en 1620 y los vizcaínos poco después, en 1680. Y añadía: 'Descubrir que la madre de Ignacio de Loyola era oriunda de Ondárroa sirvió de argumento definitivo para que el santo del valle de Urola se convirtiera también en el embajador celestial del Señorío de Vizcaya. Los alaveses, por su parte, lo declararon copatrón junto a Prudencio de Armentia.

 

Los jesuitas, considerados los milicianos intelectuales de la Iglesia.

Desde luego, la Compañía de Jesús, desde su fundación, ha tenido muy rica y compleja historia, por lo que ha estado muy perseguida y cuestionada. Y otra característica más: Los historiadores y ensayistas, que han sido muchos de procedencias muy distintas, se han caracterizado siempre por su sentido crítico, por su valentía expositiva y por su buen y mucho decir y exponer. Y se ha dicho también que son mucho más ricas y palpitantes las noticias que conservamos sobre la primera etapa de la Compañía que sobre la segunda, la contemporánea o restaurada, considerada desde 1814 al día de hoy. El período sobre el que más se sigue estudiando y escribiendo de la Compañía es el correspondiente a los dos primeros siglos, que por extensión podría alargarse hasta la fecha de la extinción (1773). Eso sí, el número de diccionarios sobre la compañía, destacando el de la Universidad Pontificia de Comillas, así como 'repasos' y crónicas intelectuales de épocas pasadas o recientes, son muchos y de autores muy consagrados. Sin olvidar extraordinarias figuras históricas, entre ellas numerosos vascos.


El polémico, humano y carismático Ignacio de Loyola

 
Con motivo del 450 aniversario de la muerte de Ignacio de Loyola y el V Centenario del nacimiento de dos de sus compañeros: san Francisco Javier y el beato Pedro Fabro, la revista 'Historia 16' publicó un número extraordinario (Año XXX, número 363, julio 2006) dedicado a 'Jesuitas en la Historia: El desconocido Ignacio de Loyola', en el que detalla la vida del 'controvertido fundador de la Compañía de Jesús', y que está elaborado por Alfredo Verdoy Herranz, jesuita e historiador, licenciado en Teología por la Universidad Pontifica de Comillas y doctor en Historia Moderna y Contemporánea. A lo largo de su extenso trabajo se recupera el conjunto de anécdotas a través de las cuales se percibe al detalle la personalidad 'de este hombre moderno, humano y carismático'.

Verdoy sigue el Memorial del jesuita portugués Luis González Cámara (1519-1575) que permaneció en la casa romana de la Compañía al lado de Ignacio entre el 23 de mayo de 1553 y el 23 de octubre de 1555, tiempo durante el cual tomó nota día a día de lo que ocurrió de relevante. Gracias a aquellas notas, Verdoy nos habla de la atención que Ignacio prestaba a los enfermos, de su ciega confianza en los médicos, de su consideración con los novicios, del trato cercano con sus compañeros o de su enojo con quienes hablaban de manera autoritaria. Verdoy completa su trabajo con una introducción a la bibliografía más especializada sobre los jesuitas, tanto biografías como estudios sobre el devenir de la orden, la Compañía de Jesús.

Aquel año 2006 fue Jubilar para la Compañía de Jesús, al conmemorarse no solo la muerte de su fundador sino también el V Centenario del nacimiento de dos de sus compañeros fiundadores: san Francisco Javier (Castillo de Javier, Navarra, 7-IV-1506 ? Isla de Shanglhuan, China, 3-XII-1552) y el beato Pedro Fabro (Villaret, Saboya, Francia 13-4-1506 ? Roma, 1-VIII-1546), canonizado en el 2013.

El estudio de Alfredo Verdoy dedica un primer capítulo a los primeros pasos de la Compañía de Jesús partiendo del momento en que Ignacio de Loyola se recupera de las heridas en ambas piernas y lo hace convencido de que su vida espiritual ha comenzado, y 'así, en febrero de 1522, se puso en marcha a Barcelona para desde allí llegar a Roma. Tras una primera parada en Aránzazu, se detuvo algunos meses en Manresa, en donde decidió encauzar su empeño en el trabajo por los demás compañeros que quisieran participar de su ideal. Y en marzo de 1523 obtuvo el permiso para peregrinar a Jerusalén donde llegó el 4 de septiembre'.

Los primeros estudios que realizó Ignacio con sus primero compañeros, los hizo en Barcelona, Alcalá y Salamanca. En estas últimas ciudades fue perseguido y encarcelado pues sus enseñanzas y forma de vestir levantaban sospechas en un momento en que proliferaban iluminados y erasmistas. Y ante la cantidad de inconvenientes que se oponían al apostolado de Ignacio, este se trasladó a estudiar a París, donde llegó en febrero de 1528, y en aquellos años fue rodeando de otros compañeros con los que fundó la Compañía de Jesús, el 15 de agosto de 1534, con lo que se llamó el voto de Montmartre. Estos fueron sus fundadores: Ignacio, Francisco Javier, Pedro Fabro, Alfonso Salmerón, Jacobo Laínez, Nicolas Bobedilla y Simón Rodrigues, que hicieron voto de pobreza y prometieron peregrinar a Jerusalén.

Iñigo volvió a su tierra, Azpeitia, en donde permaneció tres meses en los que impulsó la apertura de una casa para el auxilio de los pobres y la extensión de la oración entre los habitantes de la comarca. Y en aquel tiempo el de Loyola tuvo que volver a hacer frente a acusaciones de fugitivo de la Inquisición en España y en Francia, pero el proceso que se le abrió terminó con sentencia absolutoria. Ya en Roma (1537) se decidió que la nueva Orden Religiosa se llamara la Compañía de Jesús (Societas Jesu), cuyo objetivo sería el servicio a Dios y el bien al prójimo bajo la bandera de Jesús. De nuevo en Roma se repitieron las acusaciones de fugitivo de la Inquisición, nuevo proceso que volvió a culminar con sentencia absolutoria.

En abril de 1538 se llevó a cabo la elección del primer general de la Compañía, que por unanimidad recayó en Ignacio, y desde entonces y hasta su muerte permaneció en Roma dedicado a la tarea de organizar la Compañía y dirigirla hacia un apostolado universal, que recibió la aprobación del Papa Pablo III, en 1540.

Entre las obras realizadas por Ignacio están los 'Ejercicios Espirituales': una serie de meditaciones, oraciones y ejercicios mentales pensados para ser realizados en un período de retiro durante casi un mes bajo la supervisión de un director espiritual. Estos Ejercicios Espirituales (ignacianos) forman parte de la formación de los jesuitas, aunque también puede realizarlos cualquier católico interesado. Este periodista asistía, durante unos días y cada año, con sus compañeros de colegio del Bachillerato, a un internado para recibir esos Ejercicios Espirituales, que se hacían muy duros, sobre todo porque no se podía hablar.

En aquel texto de julio de 2006, Alfredo Verdoy señalaba que la Compañía de Jesús estaba en 127 países y a ella pertenecían cerca de 20.000 compañeros, de los que unos 1.600 residían en España, y según los datos más recientes hechos públicos (en 2016) el número total de jesuitas no alcanzaba los 16.4000... Sus estudios previos al sacerdocio pasan por un período de formación de más de diez años, lo que durante siglos los convirtió en los líderes intelectuales de la Iglesia. Además de los votos de obediencia, pobreza y castidad, los jesuitas realizan un voto de obediencia al Papa... y precisamente, en la actualidad, el Papa Francisco, de nacionalidad argentina y primer jesuita al mando de la Iglesia, suponemos que ello ha permitido reducir 'los avatares en el seno de la Compañía en las últimas décadas, así como algunas tensiones en su relación en Roma, que en la primera década de este siglo llevaron al padre general número 29, Peter Hans Kolvenbach (1928-2016), a convocar un congreso General Extraordinario en el 2008. En la actualidad, el superior es Arturo Sosa Abascal, de la Provincia de Venezuela'.
    
'Los jesuitas, siempre estuvieron en primera línea y persguidos'

Evidentemente, a lo largo de los siglos, la figura de Ignacio de Loyola ha ido pareja a la Compañía de Jesús, a la que el papa Pablo VI (1897-1978) definió con los mayores elogios: 'Dondequiera que, en la Iglesia, incluso en los campos más difíciles y de primera línea, en los cruces de las ideologías, en las trincheras sociales, ha habido o hay confrontación entre las exigencias urgentes del hombre y el mensaje cristiano, allí han estado y están los jesuitas'. No obstante, ni los jesuitas ni su fundador han gozado siempre de simpatía. Pongo tres ejemplos: en el denominado Siglo de las Luces, el XVIII, lo fueron por prevalecer una mentalidad que hacía de la ciencia y la razón verdades incuestionables que, según defendían, permitían el progreso de la humanidad... Aquellos aristócratas ilustrados hicieron del anti-jesuitismo credo político, y el santo vasco fue duramente vilipendiado, y se creó una auténtica leyenda negra, tal y como expresaba Manuel de Roda, ministro de Carlos III: 'No basta extinguir los jesuitas, es menester extinguir el jesuitismo'. Y eso trajo la expulsión de los jesuitas de España el 2 de abril de 1767, cuando las 146 casas (con 2.641 religiosos) fueron cercadas al amanecer por los soldados cumpliendo la orden del rey Carlos III, bajo la acusación de haber sido los instigadores de los tumultos populares del año anterior, conocidos con el nombre de 'Motín de Esquilache'. Anteriormente habían sido expulsados de los reinos de Portugal y de Francia y del imperio español de las Indias, donde se vieron obligados a salir 2.630 jesuitas.
 
Seis años después de la expulsión de España, el citado monarca español consiguió que el papa Clemente XIV suprimiera la orden, que fue restablecida por Pío VII el 7 de agosto de 1814, y al año siguiente, el 15 de mayo de 1815, Fernando VII les permitió el regreso a España hasta que fueron expulsados de nuevo dos veces más, en 1835, durante la Regencia de María Cristina de Borbón, y en 1932, bajo la Segunda República Española.

                    

Nota. La segunda parte del artículo, que publicaremos en la siguiente Kazetariak, lleva distintos apartados: 'Ignatius500, aniversario del 2021 hasta el 31 de julio del 2022' // 'San Ignacio, figura señera de su tiempo: siglo XVI' // '1991, quinto centenario del nacimiento de San Ignacio' // 'Juan Pablo II en Loyola: 6 de noviembre de 1982: ¡Pakea zuei!' // 'Aportar sensibilidad divina a la frialdad de la sociedad de hoy' (...)



José Manuel Alonso